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No es Claudia. Es lo que representa.
No es Claudia. Es lo que representa.
Por : Laura Tirado
Vivimos tiempos en los que todo parece reducirse a una batalla de bandos. Si reconoces un acierto de un gobierno, de inmediato te colocan una etiqueta. Si señalas un error, te ponen otra. Y en medio de esa polarización, olvidamos algo muy sencillo: reconocer un hecho no significa renunciar al pensamiento crítico.
Se puede estar de acuerdo o no con la forma de gobernar de Claudia Sheinbaum. Se puede compartir o cuestionar sus decisiones, su visión de país o su proyecto político. Esa discusión es válida y necesaria en una democracia.
Pero hay imágenes que trascienden la política.
Ver a Claudia Sheinbaum entregar el Balón de Oro en la final de la Copa Mundial de la FIFA, en un presídium integrado prácticamente por hombres, me produjo un genuino sentimiento de orgullo como mujer.
No fue un orgullo partidista. Fue un orgullo simbólico.
Quienes hemos desarrollado nuestra carrera en sectores donde las posiciones de mayor poder siguen siendo ocupadas mayoritariamente por hombres sabemos lo que representa hacerse escuchar y ocupar espacios que durante décadas parecían reservados para otros.
El mundo empresarial, la política, los medios de comunicación y muchas industrias continúan teniendo un techo de cristal que, aunque se ha ido resquebrajando, sigue existiendo.
Por eso esa imagen importa. Porque les recuerda a millones de niñas y mujeres que también podemos ocupar esos espacios; que esos lugares de decisión, representación y liderazgo también nos pertenecen.
Para muchos resulta más sencillo minimizar un hecho por quién lo protagoniza que reconocer el significado que tiene.Paradójicamente, ese tipo de momentos pocas veces se reconocen. La conversación pública suele estar marcada por la confrontación y por la descalificación.
Creo que eso también es sororidad.
La sororidad no consiste en coincidir ideológicamente con otra mujer. Tampoco implica dejar de señalar errores cuando existan. Significa reconocer el mérito de una mujer cuando rompe inercias, ocupa espacios históricamente reservados para los hombres y representa a nuestro país con dignidad, aunque pensemos distinto a ella.
No soy seguidora de la ideología de Claudia Sheinbaum. Tampoco escribo estas líneas para defender un gobierno. Escribo porque creo que el reconocimiento debe darse cuando corresponde.
Y porque la igualdad no llegará el día en que todas las mujeres pensemos igual. Llegará el día en que seamos capaces de reconocer los logros de otra mujer sin preguntarle primero por quién votó, qué partido representa o si coincide con nuestra forma de ver el país.
Eso, para mí, también es feminismo. Y eso, para mí, también es sororidad.