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Arrancaron… pero no todos saben hacia dónde
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Arrancaron… pero no todos saben hacia dónde
Ya sonó la campana.
El proceso electoral 2026-2027 en el Estado de México está formalmente en marcha y, a partir de ahora, comenzará una batalla que no será menor: están en juego 1,291 cargos de elección popular, entre ellos 125 presidencias municipales y 75 diputaciones locales.
Pero una cosa es que haya comenzado el proceso y otra muy distinta que los partidos estén listos.
Y en medio de esta contienda estará el Instituto Electoral del Estado de México, el IEEM, que será el encargado de organizar las elecciones.
El problema es que llega débil.
Llega con una percepción de falta de independencia, de estar alineado con los intereses del poder y de ser visto no como una autoridad capaz de contener los excesos, sino como una figura más dentro del escenario político.
Un árbitro electoral que comienza el partido bajo sospecha difícilmente puede generar confianza entre los contendientes y mucho menos entre los ciudadanos.
El IEEM tendrá que demostrar que no está para administrar inercias ni contener la crítica, sino para garantizar reglas claras, piso parejo y elecciones confiables.
Porque si el árbitro pierde credibilidad antes de que empiece el juego, cualquier decisión será interpretada como parcialidad.
El PAN, mal.
Acción Nacional conserva algunos bastiones, pero eso no alcanza para construir una alternativa estatal. Su problema no es solamente de candidatos: es de identidad, discurso y capacidad para volver a conectar con un electorado que alguna vez lo vio como contrapeso.
Tiene territorios que defender, pero todavía no se ve una estrategia capaz de llevarlo mucho más lejos.
El PRI, por más que digan, ya no tiene lo que tuvo.
El partido que durante décadas controló la vida política mexiquense llega a 2027 con una estructura disminuida y, sobre todo, con una pregunta incómoda:
¿Qué puede ofrecer hoy que convenza a quienes dejaron de votar por él?
No basta apelar a la experiencia, a la historia ni a las viejas estructuras. El PRI necesita votos, territorio y candidatos competitivos. Y eso ya no se consigue con el logotipo.
Morena llega fuerte, pero muy dividido.
Ahí está su mayor riesgo.
La pelea más dura podría no ser contra la oposición, sino dentro del propio partido.
Aspirantes, grupos, liderazgos regionales y proyectos personales comenzarán a disputarse las candidaturas. Y cuando hay demasiados interesados en una sola silla, los heridos políticos pueden terminar siendo más peligrosos que los adversarios.
Morena tiene la marca y el poder. El reto será que sus divisiones internas no terminen convirtiéndose en su principal oposición.
¿Y el Verde?
Sigue sin quedar claro hasta dónde quiere llegar por sí mismo.
Su gran desafío para 2027 será demostrar si tiene identidad, estructura y votos propios o si su destino electoral continúa dependiendo de las alianzas.
Porque una cosa es negociar desde una coalición y otra muy distinta medir cuánto se pesa cuando se camina solo.
Los demás, por ahora, parecen más comparsa que protagonistas.
Algunos podrán quitar votos, otros negociar posiciones y alguno quizá dé una sorpresa municipal. Pero hoy no se advierte una fuerza emergente con capacidad para cambiar por sí sola el mapa político del Estado de México.
Eso sí: en una elección cerrada, hasta el partido más pequeño puede terminar inclinando la balanza.
El 2027 no será solamente una elección de presidentes municipales y diputados.
Será una medición del poder territorial y también de la credibilidad de quien deberá arbitrar la contienda.
Veremos cuánto conserva Morena, cuánto puede rescatar la oposición y, sobre todo, si el IEEM logra recuperar la confianza suficiente para demostrar que no es una figura decorativa ni una extensión del poder, sino una autoridad electoral independiente.
Porque una cosa es aparecer en la boleta…
Y otra muy distinta tener quien vote por ellos.
TomaEnCuenta Por: Maricruz Rivera
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