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Acciones para potenciar el desarrollo del Edomex
El motor económico del Estado de México enfrenta retos trascendentales, por lo que avanza a marchas forzadas a causa de un enemigo silencioso que frena su verdadero potencial: el costo del dinero.
Para cualquier empresario mexiquense, mantener a flote una compañía o planear una expansión se ha convertido en una carrera de resistencia debido a las tasas de interés, que en los últimos años se han mantenido en niveles históricamente elevados, rondando el 11 por ciento de acuerdo con datos del Banco de México.
Esta cifra, que en el papel parece un dato técnico para interés de los analistas financieros, en el día a día se traduce en créditos bancarios comerciales cuyas tasas superan con facilidad el 18 o 20 por ciento anual.
El reto es brutal, pues con este panorama, el financiamiento tradicional ya no resulta una palanca de crecimiento, sino un ancla que asfixia al emprendedor que inicia y paraliza los proyectos de inversión física de las medianas empresas.
La consecuencia directa es una pérdida de competitividad frente a otras economías y una alarmante tendencia hacia la informalidad, pues hasta 7 de cada 10 nuevos negocios en la entidad no logran superar los dos años de vida, en gran parte por falta de liquidez.
Sin embargo, en medio de esta tormenta financiera se abren áreas de oportunidad cruciales si logramos cambiar la estrategia. El entorno actual nos obliga a ser más creativos y eficientes en la gestión del capital.
La primera gran oportunidad radica en la diversificación financiera, volteando a ver herramientas como el arrendamiento puro de maquinaria, equipo y flotas vehiculares, el cual permite deducir impuestos de forma inmediata y mantener la liquidez sin necesidad de endeudarse con un banco.
Para revertir la asfixia crediticia, la propuesta central debe ser un esfuerzo coordinado entre el sector privado y el público mediante tres acciones urgentes. Primero, el gobierno estatal debe fortalecer la banca de desarrollo local, creando fondos de garantía que absorban parte del riesgo y permitan a las micro y pequeñas empresas acceder a créditos con tasas preferenciales de un solo dígito.
Segundo, es momento de implementar estímulos fiscales locales atrevidos; reducciones temporales en el impuesto sobre nóminas para aquellas unidades económicas que demuestren estar invirtiendo en activos fijos o generando empleos formales a pesar de las altas tasas.
Y tercero, el sector empresarial debe democratizar la educación financiera de vanguardia, promoviendo redes de mentoría y esquemas de financiamiento colectivo o capital semilla que conecten a inversionistas locales con proyectos viables de la región, disminuyendo la dependencia bancaria.
El futuro económico del Estado de México no puede depender de que las tasas de interés bajen como por arte de magia. El verdadero cambio vendrá de nuestra capacidad para construir un ecosistema financiero regional propio, solidario y moderno, donde la autoridad entienda que apoyar al empresario no es un favor, sino la mejor inversión pública, y donde cada emprendedor encuentre el suelo fértil para florecer en equilibrio y con certeza de futuro.