Agosto 14, 2026

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Claudia Sheinbaum a examen

Viernes 14 de Agosto del 2026
David López Cárdenas

Morena puede perder en 2027. Gubernaturas. Alcaldías. Diputaciones. Territorio. Pero perder territorio no necesariamente significa perder el poder. Ésa debería ser la primera advertencia para la oposición.

Hay un antecedente demasiado cercano para ignorarlo.

En 2021, Morena sufrió un severo golpe electoral. No perdió el país: ganó 11 de las 15 gubernaturas en disputa. Pero sí recibió señales claras de desgaste. Ninguna fue tan contundente como la CDMX.

En la capital, la oposición ganó nueve de las 16 alcaldías. El bastión histórico de la izquierda apareció partido en dos. Entonces muchos hablaron de una debilidad estructural. Se equivocaron.

Morena convirtió la derrota en diagnóstico. Identificó territorios vulnerables. Detectó errores. Reordenó estructuras. Puso atención donde había descuidado la operación política.

Y en 2024 recuperó cuatro de aquellas alcaldías perdidas: Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Tlalpan y Magdalena Contreras. Terminó gobernando 11 de las 16.

La lección es sencilla.

Morena aprendió de la derrota y no dudó en usar todo el poder de su firma para volver a ganar.

Por eso 2027 puede ser engañoso.

Podemos ver un Morena debilitado en el mapa y en su imagen. Podemos ponderar sus derrotas. Podemos hablar de un cambio de ciclo. Pero si la oposición no entiende lo que viene después, puede terminar celebrando una victoria que dure sólo tres años.

Hay, sin embargo, una diferencia fundamental.

En 2021 había un factor que hoy ya no está: Andrés Manuel López Obrador. Su liderazgo era el centro de gravedad de Morena. Contenía disputas. Ordenaba grupos. Definía prioridades. Disciplinaba a los suyos, hasta a los más pedestres.

Y hay una ironía que no debería pasar inadvertida. La mayor derrota territorial de Morena ocurrió en la CDMX cuando Claudia era jefa de Gobierno.

Hoy Sheinbaum gobierna el país.

Pero el liderazgo que entonces ejercía López Obrador sobre su movimiento no parece reproducirse con la misma contundencia.

Hay grupos. Hay aspiraciones. Hay intereses. Y hay señales de que la presidenta no controla al cien por ciento a los suyos.

Esa puede ser la verdadera oportunidad de la oposición. No se debe perder de vista que hay algo todavía más importante en juego: el Congreso. Una oposición capaz de arrebatar la mayoría legislativa podría convertirse en un contrapeso real. Porque una mayoría de Morena no sólo significa más territorio: significa capacidad para aprobar mayor endeudamiento y mantener abierta la llave del financiamiento exterior para seguir sosteniendo el proyecto de la llamada cuarta transformación.

No basta con que Morena pierda. Hay que impedir que recupere.

Cada gubernatura conquistada. Cada alcaldía. Cada distrito. Cada espacio legislativo debe convertirse en una estructura política capaz de resistir tres años de operación desde el poder.

Porque Morena tendrá recursos (legales e inconfesables), gobierno, programas, estructura territorial y memoria. Ya mostró en 2024 que aprendió de sus derrotas de 2021.

La oposición también debería aprender. Su error sería pensar que ganar 2027 basta. No es así.

La elección que viene puede ser el principio del fin de la hegemonía del régimen. O puede ser simplemente el diagnóstico que Morena necesita para preparar su regreso en 2030.

La diferencia no estará solamente en quién gane, estará en quién sepa conservar lo ganado.

Porque en política, perder territorio puede ser temporal. Perder la capacidad de recuperarlo es lo verdaderamente definitivo.

Ágora

La ley prohibe adelantarse, pero todos ya están en campaña. Los partidos se mueven, los aspirantes se promocionan y las estructuras operan, mientras el INE y el tribunal miran hacia otro lado. Si nadie respeta los tiempos y nadie los hace respetar, entonces no tenemos reglas electorales: tenemos otra simulación.