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Cuando Luz María Hernández señala…

Viernes 05 de Junio del 2026
LAURA TIRADO

La política mexicana se ha convertido en un extraño concurso donde algunos actores se asumen jueces morales permanentes de la vida pública, olvidando que la congruencia es la primera condición para ocupar ese papel.

Esta semana, la presidenta de Morena en el Estado de México, Luz María Hernández (cuyo nivel de conocimiento público parece no corresponder con la importancia del cargo que ocupa) decidió convertirse en una de las voces más críticas contra el alcalde de Metepec, Fernando Flores, por los hechos ocurridos en el Club Deportivo La Asunción.

El episodio es lamentable, sin embargo, resulta imposible no recordar un viejo refrán: cuando señalas con un dedo, hay otros tres que te señalan a ti.

La rapidez con la que Morena se coloca en el pedestal de la superioridad moral contrasta con el silencio que ha guardado frente a múltiples escándalos protagonizados por personajes de sus propias filas. Porque si algo ha caracterizado a la 4T en los últimos años es la facilidad para exigir cuentas a los adversarios y la enorme dificultad para aplicarse el mismo estándar.

La indignación selectiva se ha vuelto una práctica cotidiana. 

Cuando un opositor comete un error, se exige renuncia inmediata, investigación ejemplar y condena pública. Cuando el involucrado pertenece al movimiento, aparecen las explicaciones, los matices, los pretextos y, en muchos casos, el conveniente olvido.

No se trata de minimizar lo ocurrido en Metepec. Se trata de recordar que la autoridad moral no se decreta, no se presume y tampoco se hereda por pertenecer a un movimiento político. La autoridad moral se construye con congruencia.

Morena llegó al poder prometiendo ser diferente. Prometió terminar con los abusos, el autoritarismo, la soberbia y los privilegios de la vieja política. Prometió combatir aquello que durante décadas criticó desde la oposición.

Pero después de varios años gobernando, muchos ciudadanos observan que varios de esos vicios no desaparecieron; simplemente cambiaron de domicilio.

La crítica es válida. La exigencia de rendición de cuentas también. Lo que pierde legitimidad es la doble vara.

Porque si la soberbia es condenable, debe ser condenable venga de quien venga. Si el abuso de poder merece sanción, debe sancionarse sin importar el color del partido. Si la ética pública es la bandera, entonces debe aplicarse primero en casa.

Los mexicanos estamos cansados de políticos que creen que la ley sólo aplica para los demás y que la crítica únicamente debe dirigirse hacia enfrente, nunca hacia el espejo.

La verdadera transformación comenzará el día que todos los actores políticos entiendan que la congruencia pesa más que el discurso, que los hechos pesan más que las conferencias y que la autoridad moral se demuestra con el ejemplo.

Mientras eso no ocurra, cada vez que alguien desde el poder señale a un adversario, la sociedad seguirá recordándole que detrás de ese dedo acusador existen otros tres apuntando en dirección contraria.