Marzo 9, 2026

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Europa teme una ola terrorista provocada por Irán

Lunes 09 de Marzo del 2026
Claudia Luna Palencia

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

 

La nueva guerra que Estados Unidos e Israel han emprendido contra el tercer país con mayores reservas probadas de petróleo en el mundo (208 mil 600 millones de barriles) ha creado una onda expansiva en Medio Oriente que amenaza con alcanzar a Europa que intenta, por todas las formas, no verse arrastrada por las ambiciones de Trump y su homólogo israelí.

          Aquí en Europa intentan dilucidar quién arrastró a quién a una guerra incierta contra Irán; si lo hizo Trump primero y lo secundó en la idea Netanyahu o al final, el republicano acabo seducido por la diatriba mesiánica del primer ministro de Israel. Netanyahu está convencido en el destino manifiesto de Trump y que por eso sobrevivió al ataque en su contra cuando era candidato.

          Pero más allá de estas creencias, lo cierto es que en Washington y en Tel Aviv están dando dos versiones distintas sobre los motivos de este nuevo ataque. Para Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, su país tenía que actuar ya: "Había absolutamente una amenaza inminente. Y la amenaza inminente era que sabíamos que si Israel atacaba a Irán y creíamos que pasaría, vendrían inmediatamente por nosotros y no íbamos a sentarnos allí y aguantar un golpe antes de responder”.

          El propio presidente Trump declaró en las primeras horas de los bombardeos que conminaba a los valientes iraníes a tomar el destino en sus manos para derrocar a ese “atroz régimen” e insistió en que probablemente sería una oportunidad irrepetible. Horas después, afirmó que Washington, no pretendía un cambio de régimen sino solo destruir las capacidades nucleares e impedir que Irán se hiciese con la bomba.

          Trump habla de una operación corta mientras Netanyahu puntualiza que podría demorar meses porque la intención es la caída total del régimen y destruir sus capacidades nucleares. Tampoco están puestos de acuerdo en el nombre de su nueva asonada bélica: en la Casa Blanca la han bautizado como Furia Épica y, en Tel Aviv,  Operación León Rugiente.

A COLACIÓN

          En marzo de 2003, la guerra contra Irak, tuvo el pretexto de las armas de destrucción masiva bajo la administración del presidente republicano, George Walker Bush. Irak no logró resistir la invasión por tierra y los ataques por aire por mucho tiempo y en los primeros días, tras la toma de Bagdad y la huida del entonces presidente, Saddam Hussein, el ejército norteamericano tomó el control en el mes de abril.

          Al paso de los años, las investigaciones presentadas ante la ONU, demostraron que Irak no tenía laboratorios con armas biológicas ni había armas de destrucción masiva. Con la nueva égida belicista contra Irán y la incertidumbre de cuánto tiempo podrá resistir los ataques, el golpe de efecto ha sido inmediato en las bolsas; en el precio del oro; en la cotización del petróleo y del gas; y, en las expectativas inflacionarias y por ende en las previsones de crecimiento mundial.

          En los primeros días del conflicto, las bolsas europeas llegaron a perder de media más de un 4%; el precio del oro ya supera los 5 mil 400 dólares la onza y los pronósticos lo llevan hasta los  6 mil dólares la onza a finales de marzo; en cuanto al petróleo, el Brent va camino de superar los 85 dólares por barril y el precio del gas ha subido un 30 por ciento.

          Bamo Nouri, experto en política internacional, analizó para The Independent que una guerra de Trump contra Irán es a todas luces una pésima idea porque el régimen lleva años preparándose para este escenario: “En lugar de construir una fuerza convencional capaz de derrotar a Estados Unidos en combate abierto, Irán ha invertido en capacidades asimétricas: misiles balísticos y de crucero; el uso de proxies regionales; operaciones cibernéticas y estrategias antiacceso: incluyendo misiles; defensas aéreas; minas navales; embarcaciones rápidas de ataque; drones y capacidades de guerra electrónica. Cualquiera que ataque a Irán se enfrentaría a costos prolongados y crecientes”.

          Desde Reino Unido, Nouri destaca que no hay que caer en el engaño de analizar las anteriores campañas militares de Washington contra Afganistán (2001) e Irak (2003) bajo el mismo contexto que Irán a pesar del enorme gasto militar norteamericano superior a los 900 mil millones de dólares. “No hay enemigo pequeño”.

          Además, la posición geográfica de Irán agrava este riesgo: está situado a lo largo de las principales rutas energéticas globales y Teherán tiene la capacidad de interrumpir el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz. Algo que ya está sucediendo con un embudo de miles de barcos y cargueros petroleros que no pueden pasar por la zona bajo la amenaza de que serán hundidos.

          Por Ormuz navega entre el 20% al 25% de los hidrocarburos que bombean los países del Golfo Pérsico. ¿Cuánto tiempo pueden aguantar las economías importadoras de petróleo con un barril a 100 dólares a finales de marzo?

          La inflación sería un golpe al bolsillo de los consumidores y, por ende, de la microeconomía pasaría a la macroeconomía y esto a ralentizar el crecimiento. La economía norteamericana no logra controlar del todo su inflación y, Europa, que es monodependiente teme meterse en otra crisis. Y, encima, hay pavor por una nueva ola de atentados terroristas provocados por los mártires de Irán. El odio que los europeos sienten hacia Trump es mayúsculo.