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Francia se une a la batalla contra las redes sociales
Por la Espiral
Claudia Luna Palencia
Australia fue el país pionero en prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años obligando con ello a que las plataformas como TikTok e Instagram así como Snapchat entre otras más verificasen la edad para acceder a sus plataformas.
Esta moda que no parece pasajera y que intuyo terminará extendiéndose a otros países, ha llegado a Francia: esta semana, la Asamblea Nacional, voto a favor de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 15 años. Solo falta que el Senado lo ratifique para que entre en vigor a partir del próximo curso escolar.
Y, si ya llegó a Francia, es muy probable que otros países europeos lo secunden. Sin lugar, a dudas. Quizá este mismo año se debata en España un país que, de acuerdo, con diversos organismos ha detectado que las niñas de 13 años son las que más agresiones de acoso sexual sufren en las redes sociales.
En Dinamarca, también se anunció el año pasado, pero el gobierno todavía no tiene una propuesta de ley para ser instrumentada en el Parlamento. Solo ha dado algunas pinceladas señalando que protegerá a los menos de 15 años del acceso en redes para potenciar el bienestar digital.
La iniciativa pionera de Australia es un acto de valentía en medio de una sociedad que clama por sus libertades y derechos a decidir. Pero la exposición temprana de los menores de edad a Internet y fundamentalmente, a las redes sociales, son ya un asunto de preocupación social y de salud mental.
No es poca cosa en medio de un incremento de los suicidios en los adolescentes o bien de las tasas que hablan del fracaso escolar o del abandono de la escuela.
Las quejas de los profesores, en la mayoría de las escuelas europeas, destacan la falta de atención de sus alumnos; así como una pérdida de capacidad para retener la información.
Estas generaciones demasiado digitalizadas y cibernéticas con una exposición a Internet provocan tensiones, no solo en el aprendizaje en las escuelas, también en el incremento de la violencia en las casas porque los padres se ven incapaces de poner límites para el uso adecuado de la tecnología celular y de las redes sociales.
A COLACIÓN
Hay terapeutas en España que abordan esta problemática, como la generación de la frustración, una que primero atiende su perfil en las redes sociales y luego existe.
La necesidad de tener aceptación popular, primordialmente en las edades tempranas, hace de las redes sociales un juego peligroso, ¿hasta dónde está el límite para conseguir más likes? Esa frustración de por qué un adolescente recibe cientos de likes en comparación con otro que no los reciba, no debe ser fácil de digerir tanto para, niños y niñas, que están despertando a integrarse en una sociedad que casi siempre es dura.
Hay muchas distorsiones surgidas por la imitación al otro. En España, los profesores de escuelas secundarias observan con preocupación el fenómeno de imitación de los cortes. Cada vez hay más niñas que se cortan en los brazos o en las piernas y se dejan la marca e incluso hasta la muestran como si fuese un trofeo.
Algunas lo postean, se graban, lo suben en redes y hasta lo comparten sin pudor. ¿Tiene derecho el gobierno a intervenir en la vida privada de nuestros adolescentes? Yo creo que sí. Sí, cuando esto ya se convierte un problema de salud pública y además, los vulnera y expone a pederastas, asesinos y tratantes de personas con perfiles falsos.
Yo opino que Francia ha hecho bien. Ojalá que Dinamarca también dé el paso y haga una legislación en la materia y que pronto llegue a España y a otros países.