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Futuro hipotecado

Cuando el candidato opositor criticaba con furia el exceso de deuda pública y prometía que, si él y su movimiento llegaban a la Presidencia de la República, esta carga financiera se acabaría, lo que generaba un gran optimismo entre la población que los llevó al poder, al poder absoluto.
Pero la realidad los ubicó y, vaya contradicción, ya que se sentaron en Palacio Nacional, han optado por endeudar “hasta las chanclas” las finanzas del país. Tan sólo para 2027, planean un endeudamiento de 1.7 billones de pesos, monto con el que suman 21.7 billones de pesos como deuda pública y que para el pago de intereses se destinará el 17.2 por ciento de los ingresos públicos nacionales.
Lo más paradójico es que cuando Morena, con Andrés Manuel, arribó a la Presidencia de México, la deuda pública era de 10.55 billones de pesos, lo que ya era de escándalo, pero en estos 8 años contrató 11 billones adicionales, con lo que duplicó esta carga financiera.
Es decir, el monto que México ha pedido prestado es similar a la deuda contraída durante 200 años, es decir desde que somos un país independiente y hasta antes de 2018, por lo que, con una simple lógica doméstica surge la duda ¿dónde está ese dinero?
Porque si se voltea al sector salud, está quebrado; la educación pública, deficiente, con escuelas en pésimas condiciones y maestros que reclaman maltrato salarial; la seguridad pública inexistente, cada quien se tiene que cuidar a sí mismo.
La infraestructura básica, insuficiente, tan sólo la exigua generación de electricidad provoca múltiples apagones en zonas con clima extremo y otro ejemplo de falta de infraestructura es el agua potable de la ciudad de Guadalajara que llega a los hogares con heces fecales, metales y otros elementos que la hace inservible.
Esa exorbitante deuda pública no se justifica al no reflejarse en la vida cotidiana de la mayoría de los mexicanos, pero sí se sabe a dónde fue a dar: a la construcción del Tren Maya y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec; la refinería Olmeca (Dos Bocas); al AIFA; la Mega Farmacia del Bienestar que está en Huehuetoca y al Instituto de Salud del Bienestar (INSABI) que se creó en 2020 para desaparecer en 2023 y que, según se dijo recibió fuertes montos del presupuesto oficial, pero nunca sirvió.
Y los que saben del tema, afirman que el dinero prestado es para sostener el gasto de la nómina del gobierno y los programas sociales, que ya tienen rango constitucional, y que, al tener un uso electorero, han generado enormes beneficios para Morena y sus aliados.
Cuando debería ser para generar mayores inversiones, porque es bien sabido que por cada peso que el Gobierno invierte, el sector privado lo duplica y hasta triplica, ya que genera certeza en ese proyecto, al saber que no será boicoteado desde la esfera gubernamental.
Para crecer se necesitan tres cosas: certidumbre jurídica; inversión pública y privada, certidumbre financiera y buenos ingresos de recaudación fiscal y petroleros. México necesita inversión que genere riqueza y empleos, sólo así se podrá cumplir con un crecimiento de entre 1.5 y 2.5 que el gobierno calcula para el 2027.
El caso es que, para 2027, el gobierno de México estima tener ingresos por 10.7 billones de pesos, de los cuales 6.3 billones son los impuestos que todos pagamos y 1.5 billones es el dinero prestado o “financiamiento”, de éstos 2.5 billones son para pensiones, 3 billones para gasto federalizado, 1.6 billones para el costo financiero de la deuda, 255 mil millones para Pemex y 150 mil millones para los nuevos trenes.
Ahora sí como decía López Obrador “son deudas que se heredan a las futuras generaciones. A veces se olvida que la deuda pública se traslada de generación en generación; No hay que pedir dinero prestado… Evitar pedir prestado implica no recurrir al Fondo Monetario Internacional ni al Banco Mundial para que después no puedan venir a imponer condiciones de gobernanza.
Sí saben el riesgo de contratar más deuda, pero no les interesa. Muchos de los que toman las decisiones, ya tienen asegurado su presente y su futuro, el de sus hijos y hasta nietos. Esos son los que dicen que el neoliberalismo fue lo peor que le podía pasar a México, ajá.