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La actual crisis energética vs. las energías renovables
Por la Espiral
Claudia Luna Palencia
La actual crisis energética derivada de la guerra en Irán están siendo toda una lección para las economías europeas que son dependientes importadoras de gas y de petróleo. Sea lo que sea, el reinado de las energías fósiles es incuestionable, pero sin a lugar a dudas, de esta lección las energías verdes saldrán más reforzadas. Y, Europa, muy seguramente apostará todo a las energías verdes y a la energía nuclear.
La Agencia Internacional de Energías Renovables (AIER), advierte de las debilidades y vulnerabilidades de un sistema que depende en gran medida de los combustibles del siglo XX.
Este organismo intergubernamental, con sede en Abu Dabi, es la primera organización internacional enfocada en las energías renovables y su intención es potenciarlas y facilitar la transferencia tecnológica a fin de crear ciudades limpias y favorecer las llamadas smart cities. A la fecha están adheridos 168 países más la Unión Europea.
Hay una labor real que quizá el ciudadano de a pie no perciba pero sí hay un fuerte movimiento global auspiciado no solo por diversos gobiernos y organismos, también por la iniciativa privada, que busca acelerar la transición energética y coadyuvar con el uso sostenible de todas las formas de energía renovable: desde la bioenergía, la energía geotérmica; así como, la energía hidroeléctrica, la energía oceánica, solar y eólica.
No solo es el impacto ambiental y la mitigación de los efectos nocivos del cambio climático, el panel de asesores de la Agencia Internacional de Energías Renovables (AIER) recuerda que muchos aspectos de la vida cotidiana resienten las repercusiones derivadas de la sensibilidad geopolítica y geoeconómica que caracteriza a la industria energética global.
“En ausencia de alternativas, los altos precios de los combustibles fósiles infligen pobreza energética y pérdida de competitividad industrial, mientras que los ciudadanos de todo el mundo se preocupan por sus facturas de energía y los impactos climáticos”, de acuerdo con el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
La intención es clara: acelerar las tecnologías renovables eficientes y descentralizadas y crear un sistema menos propenso a los shocks del mercado y mejorar la resiliencia y la seguridad energética a través de la diversidad de opciones de suministro.
A COLACIÓN
La Agencia Internacional de Energías Renovables describe la transición energética como un camino hacia la transformación del sector energético mundial que reconvierte un modelo basado en combustibles fósiles a una economía con cero emisiones.
Con el fin de acelerar la transición y alcanzar un nivel de descarbonización suficiente para limitar el calentamiento global, se deben adoptar iniciativas de transición energética sostenible a escala planetaria. Este organismo estima que, si se aplican correctamente, estos esfuerzos podrían alcanzarse potencialmente el 90% de las reducciones de carbono requeridas.
Las fuentes de energía limpia incluyen fuentes renovables que provienen de un suministro limpio e inagotable y fuentes neutras en carbono que pueden o no ser renovables, pero producen cero emisiones de carbono.
Para 2030, estas fuentes podrían cubrir hasta el 80% de la mezcla y la energía hidroeléctrica de bombeo que representa el 94% de la capacidad de almacenamiento de electricidad de Europa. El sol, el agua y el viento pueden ser los nuevos aliados para esa transición energética. Mientras se discute la necesidad o no de incrementar las centrales nucleares.
En gran parte y debido a su dependencia de los combustibles importados, la Unión Europea se destaca como una de las regiones que tiene las proporciones de inversión en energía limpia más alta: gasta más de 10 dólares en energía limpia por cada dólar invertido en combustibles fósiles.
En 2023, la inversión en generación renovable ascendió a casi 110 mil millones de dólares, un alza del 6% respecto del año anterior. Dinamarca y Alemania se mantienen a la vanguardia del sector de la energía eólica en Europa, a pesar de los continuos desafíos de rentabilidad.
Por su parte, España ha liderado el aumento de la adopción de la energía solar y ha visto caer los precios mayoristas de la electricidad a mínimos históricos durante los períodos de alta producción solar, lo que ha aportado algunos beneficios a los consumidores.
La UE tiene camino por delante para salir vencedora de su dependencia energética fósil, sobre todo importada desde otros países, pero hay voluntad en los gobiernos para cumplir los plazos a favor de la reconversión energética hasta alcanzar no solo las emisiones cero, sino también una autosuficiencia sostenible.