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La grave sequía en Europa que tanto preocupa
Por la Espiral
Claudia Luna Palencia
Las imágenes son espeluznantes en los ríos Rin, Danubio y Po. Parece un apocalipsis que sume a los europeos ante su peor realidad y futuro: acostumbrarse a vivir sin agua y encima pagarla a precios más elevados. El derecho al agua se acaba cuando prevalece el bien común y Europa está llamada a cuidarla al máximo posible, en momentos en que su escasez deja secos embalses, pantanos, rías y varias cuencas.
Para Europa, este escenario viene alertándose desde hace poco más de dos décadas; y todavía en 2015, el investigador norteamericano Jeffrey D. Sachs, explicó en Madrid la evolución de una serie de modelos climáticos y su impacto en el agua dulce que advertían que el Mediterráneo sería una de las regiones del mundo más afectadas por una combinación fatal de falta de lluvias, escasez de agua y desertificación.
Sachs que entonces era el director de The Earth Institute at Columbia University, comentó que el cambio climático dejaría una desertificación muy fuerte en el sur de España, a tal punto que tendrá el clima del desierto del Sáhara y de las zonas más áridas de Marruecos. Y, sentenció, que los futuribles hablaban de lluvias escasas no solo en el país ibérico, sino en la mayor parte de Europa.
Además, de las menores precipitaciones, está sumándose que el período estival va adelantándose y es más prolongado con termómetros subiendo y rompiendo marcas. El mes de julio de 2022 fue el más seco de los últimos quince años y también el más caluroso desde 1961.
El meteorólogo José Miguel Viñas habla de patrones anormales en el comportamiento de la atmósfera que vienen detectándose desde hace cuatro años no solo en España, sino en otras partes de Europa y del mundo.
La misma situación que alarma, por ejemplo, a Alemania con el río Rin: la escasez de agua está impactando a la cadena de suministros. El Rin nace en el cantón suizo de Graubunden en el sureste de los Alpes suizos; forma parte de la frontera entre Suiza y Liechtenstein; Suiza y Austria y de Suiza con Alemania y fluye a través de la Renania alemana y los Países Bajos para desembocar en el Mar del Norte.
La sequía en Alemania está afectando el caudal del Rin a tal punto que podría dejar de ser navegable y causar estragos a la economía germana: en varios lugares, la profundidad ha descendido por debajo de un metro; en algún tramo estrecho cerca de Coblenza, el nivel fue de solo 56 centímetros en 2022 cuando debería de ser de dos metros. Por el Rin navegan todos los barcos que surten a Alemania y que llegan después a Países Bajos y hasta el Mar del Norte.
El gobierno alemán está alarmado por el impacto económico que esto traerá a las empresas; algunas como Basf reciben a través del Rin un 40% de las materias primas que requiere, según Reuters.
Hay escenas dramáticas en otros países europeos: el lago de Montbel, en el suroeste de Francia, está vacío en más de un 80%, con los barcos varados en el club náutico. En el norte de Italia, los turistas pueden caminar hasta la pequeña isla de San Biagio, a la que normalmente solo se llega en barco, desde la orilla del lago de Garda.
A COLACIÓN
Un mapa de las sequías actuales en Europa perteneciente al Programa Copernicus de la UE muestra los daños provocados por las escasas precipitaciones tanto en las zonas norte y sur de España; el norte de Italia; el sur de Alemania y en toda Francia.
Europa camina hacia las restricciones permanentes de agua e incrementos en el precio del suministro del líquido. Los ayuntamientos quieren penalizar, no solo el desperdicio, sino concientizar a la población del uso del vital líquido a través de su encarecimiento.
En un extenso reportaje al respecto de la crisis del agua no solo en España y en Europa, sino en todo el mundo, National Geographic, abordó este desafío como uno de los más graves que pondrán a prueba la supervivencia humana. Hay que buscar soluciones.
Karen Villholth, directora de Water Cycle Innovation, con sede en Sudáfrica, habla de la restauración ecológica, la recarga de acuíferos y la gestión de la demanda.
“Dinamarca, por ejemplo, ha reducido el uso del agua per cápita a la mitad, de casi 200 litros al día en la década de 1980 a cerca de 100 litros en la actualidad. El aumento del costo del agua y el enfoque en la reutilización y otras medidas de eficiencia han ayudado a marcar la diferencia”, en la opinión de la experta.
El agua subterránea también podría ser un "punto de inflexión" para la justicia climática, añade Villholth, dado que está sobreexplotada en los países de altos ingresos y subdesarrollada en los de bajos ingresos.
Sin embargo, al igual que la negación del cambio climático, el mito de la abundancia de agua dulce sigue arraigado a pesar de la creciente evidencia de lo contrario. Si la UE, no hace de la crisis del agua una prioridad en los próximos años, sin duda habrá más conflictos dentro de los países e incluso entre ellos.