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La oposición mexiquense: ¿contrapeso o cómplice del poder? Por: Laura Tirado

Lunes 12 de Octubre del 2026
Laura Tirado

La oposición mexiquense: ¿contrapeso o cómplice del poder? Por: Laura Tirado

La oposición mexiquense: ¿contrapeso o cómplice del poder?

Por:  Laura Tirado

Elías Rescala, Pablo Fernández de Cevallos, Juan Manuel Zepeda y Omar Ortega tienen algo en común… parecen haber olvidado cuál es el verdadero papel de la oposición en el Estado de México.

Porque sentarse en la Junta de Coordinación Política, posar para la fotografía, vestir ropa de diseñador y cobrar del erario no es hacer oposición. Es disfrutar de los privilegios del poder sin asumir el costo político de enfrentarlo. Señores legisladores, les informo que la oposición se ejerce, se escucha, se nota y, sobre todo, incomoda.

El PRI de Elías Rescala gobernó el Estado de México durante casi un siglo. Conoce los presupuestos, las estructuras, los mecanismos y las debilidades del gobierno. Tendría que ser una de las voces más preparadas para fiscalizarlo. Pero ¿dónde están las batallas legislativas de quien alguna vez fue presentado como una joven promesa priista?.

En el PAN, Pablo Fernández de Cevallos parece necesitar un recordatorio, la oposición no se hereda por el apellido ni se acredita con las siglas. Se demuestra con argumentos, exigencia de cuentas y votos que marquen límites. Un apellido puede abrir puertas, pero no sustituye el liderazgo.

Juan Manuel Zepeda encabeza a Movimiento Ciudadano, partido que presume representar una nueva forma de hacer política. Sin embargo, resulta difícil ofrecer renovación cuando se apuesta por reciclar personajes de la vieja política. Cambiar de color no necesariamente significa cambiar de prácticas.

Y Omar Ortega, desde el PRD, tiene el desafío de conseguir que sus dos diputados dejen huella en una legislatura que es la última de su partido. Aunque, viendo la facilidad con la que algunos políticos cambian de camiseta, tampoco sorprendería encontrarlo mañana en otra bancada.

Del otro lado de la mesa tampoco faltan personajes dignos de análisis.

Francisco Vázquez, de Morena, tendría que explicar cómo se concilia el discurso de austeridad republicana con sus gastos y reuniones políticas. Porque la austeridad no debería quedarse en el discurso mientras la cuenta corre por otro lado.

José Alberto Couttolenc, del Verde, parece empeñado en completar su propio álbum Panini de fichajes políticos, sumando personajes y reciclando figuras de otros partidos. La pregunta es si está construyendo una verdadera fuerza política o simplemente coleccionando estampitas con aspiraciones electorales.

Y Óscar González Yáñez, del PT, conoce de sobra la política de la confrontación y la movilización. Sería interesante verlo desplegar esa misma energía para defender causas ciudadanas, fiscalizar al poder y entregar resultados legislativos. Porque hacer ruido no siempre significa hacer política, y mucho menos dar resultados.

Pero volvamos al punto central...la oposición del Estado de México.

Hace unos días escuché una frase de Chumel Torres que resume bastante bien el espectáculo político: “El día que podamos convertir el lamebotismo de los políticos en energía, vamos a ser Suiza”. Y pensé en el Congreso mexiquense.

Los números merecen atención, ya que se ha reportado que 82 de 89 iniciativas enviadas por Delfina Gómez fueron aprobadas. También se informó que el 94% de 708 iniciativas aprobadas por la LXII Legislatura obtuvo unanimidad.

El consenso no es malo, y negociar tampoco. Pero semejantes cifras obligan a preguntarnos, ¿estamos frente a un Congreso extraordinariamente eficiente o ante una oposición que ha renunciado a dar la batalla a cambio de una paz política que, casualmente, parece beneficiar más a sus dirigentes que a los mexiquenses?

Porque una cosa es construir acuerdos y otra muy distinta es convertirse en acompañante permanente del poder. Una bancada de dos diputados puede incomodar más que una de veinte si tiene inteligencia, argumentos y determinación. Y una bancada numerosa puede volverse perfectamente inútil cuando su mayor aspiración es conservar privilegios.

No necesitamos legisladores que voten en contra por deporte. Necesitamos representantes que sepan cuándo negociar, cuándo proponer y, especialmente, cuándo decir que no.

Porque el Congreso no debería convertirse en un espacio de complacencias, complicidades políticas y acuerdos de conveniencia. Mucho menos la Junta de Coordinación Política, donde las diferencias partidistas parecen desvanecerse entre sonrisas, negociaciones y beneficios compartidos.

Porque cuando todos están demasiado cómodos, cuando nadie cuestiona y nadie incomoda, vale la pena cuestionar si están representando a los ciudadanos o simplemente cuidándose las espaldas entre ellos.

El Estado de México ya tiene gobierno. Lo que está en duda es si tiene una oposición con carácter, independencia y voluntad política para cumplir con su responsabilidad.