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La refinería que sí produce

Sábado 01 de Agosto del 2026
David López Cárdenas

La refinería que sí produce

La refinería que mejor funcionó en México no fue Dos Bocas, fue una instalación clandestina en Tamaulipas.

Mientras el gobierno presumía la soberanía energética, alguien logró montar una refinería ilegal.

Con tanques, con tuberías, con millones de litros de hidrocarburos, con una logística que difícilmente cabe en el concepto de una “operación clandestina”.

Una instalación así no se esconde debajo del tapete, se construye durante meses, incluso años. Su abastecimiento y operación involucra a muchos trabajadores y múltiples servicios de transportación, redes de tuberías, motobombas, generadores elécricos, sistemas de vigilancia entre muchas otras cosas.

Pero en Reynosa nadie vio nada, o no quiso verlo.

En 2019 nos prometieron una guerra sin cuartel contra el huachicol. Cerraron ductos. Provocaron desabasto. Millones de mexicanos hicimos filas interminables para cargar gasolina.

El sacrificio, nos dijeron, valía la pena. Era el precio de recuperar Petróleos Mexicanos, era el precio de derrotar a las mafias que succionaban la riqueza nacional.

Poco después vino Tlalhuelilpan. Más de un centenar de mexicanos murieron alrededor de un ducto perforado. Aquella tragedia que sucedió bajo las narices del ejército, debió marcar un antes y un después.

No fue así.

Hoy descubrimos que el huachicol no desapareció; creció, se sofisticó, se industrializó. Pasamos del robo en un bidón a la refinación clandestina de petróleo. El régimen logró transformar las tomas clandestinas en refinerías clandestinas. Ese es el verdadero legado de la política energética de la 4T.

Nos dijeron que el problema era la reforma energética y la cancelaron.

Nos dijeron que el problema eran los privados y los expulsaron.

Nos dijeron que el problema era abrir el sector y lo cerraron.

¿Y el huachicol? Más vivo que nunca.

La ironía es brutal.

Después de invertir cientos de miles de millones de pesos en Dos Bocas, la noticia que dio la vuelta al mundo fue el descubrimiento de una refinería ilegal.

Esa sí producía, esa sí movía combustible, esa sí parecía tener actividad.

Una instalación industrial de ese tamaño no aparece por generación espontánea. Requiere complicidades, dinero, transporte, permisos y, sobre todo, protección. En verdad, ¿nadie se dio cuenta de todo esto?

La pregunta ya no es quién se robó el combustible. La pregunta es quién permitió que llegáramos hasta este nivel de cinismo. Cómo llegamos a un punto donde la autoridad se diluye tanto, que se vuelve irrelevante.

Por cierto, hasta el momento, ni la Fiscalía General de la República ni la Sedena han reportado personas detenidas a pesar de haber descubierto semejante operación.

La cuarta transformación que prometió acabar con el huachicol terminó por regalarnos a los mexicanos la sofisticación del huachicol industrial.

Y ese quizá sea el mejor resumen de toda su política energética

Mucho discurso.

Mucha propaganda.

Muchas inauguraciones.

Y una realidad imposible de refinar.

Ágora. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones aprobó someter a consulta pública un proyecto que, bajo el pretexto de proteger los derechos de las audiencias, abre la puerta a limitar la libertad de expresión. Y cuando la 4T convoca a una consulta, el resultado suele conocerse antes que las opiniones. Se asoma de nuevo el gran hermano.