Septiembre 28, 2026

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Los españoles se echan a la calle a luchar por la vivienda

Lunes 28 de Septiembre del 2026
Claudia Luna Palencia

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

 

El drama de la vivienda en España es estructural. No responde a una coyuntura, más bien se arrastra desde hace décadas y hay etapas en que la tensión es más evidente porque la demanda supera a la oferta por diversas circunstancias: algunas, obedecen a razones reales y otras, a la especulación y percepciones subjetivas.

          En el verano de 1999, recién llegué a Madrid, acudí a un banco para abrir mi primera cuenta bancaria fue una hipoteca. Me sorprendió la facilidad (y la insistencia por parte del ejecutivo de cuenta) para acceder a una hipoteca. Aquel Madrid, me sirvió de inspiración, para mi novela El Club de la Naftalina y que la cineasta Ana Laura Calderón quiere llevar al cine.

          En España, la gente prefiere pagar una hipoteca y ser propietario antes que alquilar. La mayoría de mis amigos han pagado su hipoteca por 25 años y algunos pueden gritar al viento que ya son felizmente dueños de sus pisos. Todavía recuerdo caminar por las calles madrileñas y observar multitud de letreros anunciando la venta de pisos. Ya había entonces, mucha venta de pisos y una oferta limitada de pisos para alquilar.

          A pesar de venir de fuera no tuve ningún problema para arrendar: me pidieron un mes de alquiler y dos meses de depósito. Nada fuera de lo común. La burbuja inmobiliaria que reventaría con la crisis de las subprime de Estados Unidos, en 2008, fue una catástrofe para muchas personas. Conocí a varias, con más de tres hipotecas y que utilizaban sus pisos, no para vivir sino para hacer negocio porque los alquilaban y con eso pagaban sus respectivas hipotecas.

          Cuando reventó la burbuja y la crisis económico agudizó, muchas de ellos lo perdieron todo porque sus inquilinos no pudieron pagar y los bancos reclamaron las propiedades.

          A lo largo de estos años ha sido imposible, por una u otra causa, estabilizar el mercado de la vivienda en España y así permanece en desequilibrio. Pero en los últimos años, el fenómeno ha recrudecido sobre todo a raíz de la pandemia.

          Primero, el Gobierno del presidente Pedro Sánchez, implementó una política antidesahucios que ha fomentado que, durante la pandemia y en la etapa pospandemia, incremente el número de casos de personas que invaden una vivienda y se metan a vivir en ésta. Le llaman okupas y hay datos que estiman en más de 100 mil, el número de viviendas okupadas, durante los ochos años que ya dura el sanchismo en el poder.

          Como este Gobierno protege la vulnerabilidad, desokupar a una mujer con hijos puede demorar años; incluso, hay gente que teniendo un contrato de alquiler ha dejado de pagar y se ha vuelto un okupa. Y, es que además el tiempo en el juzgado y el juicio para echarlos puede demorar otros años más.

          Así es que los propietarios que antes alquilaban ahora se ven indefensos y algunos prefieren no alquilar y tener sus viviendas fuera del mercado; otros, para librarse del miedo al inquilino moroso lo que han hecho es poner su vivienda en el mercado del alquiler turístico que, por supuesto, es muchísimo más rentable. Y, por si fuera poco, desde la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania, se nota la llegada de cientos de extranjeros que están ubicándose en España.

          Los que huyen del miedo a Putin y tienen dinero, llegan al país ibérico a comprar propiedades de precios superiores al millón y medio de euros y ni siquiera regatean. También, en Madrid, son famosos los barrios de millonarios latinoamericanos, por supuesto estoy contando a los mexicanos, que viven en el lujoso Barrio de Salamanca y en zonas todavía más caras como La Moraleja y La Finca.

A COLACIÓN

          Así es que, hay más inmigrantes, más población y un déficit de más de 700 mil viviendas y leyes que protegen a los okupas y no a los dueños de las viviendas. Y, por supuesto, está la especulación, la ambición y la avaricia. España este año superará los 100 millones de turistas, ¿para qué alquilar un piso a una familia si el propietario puede ganar diez veces más al mes por tener turistas que van y vienen?

          Desde luego, no quiero obviar el escenario incendiario de la política española. Todo se politiza y se polariza. En esta red ha caído Maricarmen quien ya es víctima del sistema voraz, de esa ambición canalla que ha llevado a desahuciar de su piso a una anciana de 87 años y encima enferma y en silla de ruedas. La han echado tras años de juicios y tras más de 70 años viviendo en ese piso de alquiler.

          Su desahucio, transmitido en directo, nos ha arrancado lágrimas a más de uno y ha sacado a la calle a cientos de personas no solo en Madrid sino en otras partes de España, para protestar por Maricarmen. Por ella, y por todas las mujeres; los hombres y las familias que han sido desahuciadas de sus casas por no poder pagar el alquiler o porque los dueños del edificio han decidido usarlo para el alquiler turístico.

          Lo más llamativo de estas protestas que, no van a cesar y que todo apunta irán a más, hasta crear un nuevo movimiento social, es que son los jóvenes con rabia en el cuerpo los que están protestando por un mercado de la vivienda completamente distorsionado. Y tienen razón en hacerlo: los baby boomers, una mayoría han sido propietarios, pero no terminan de morirse y heredar; y otros, sobreviven como pueden con pensiones precarias; la generación X, una parte está hipotecada para ser propietaria; otra, ya lo es y otro, sector nunca será dueño y seguirá alquilando pero sus pensiones no les llegarán para pagar la vivienda.

          Luego, están los Millennials y la Generación Zeta. Sus sueldos, no les alcanzan para emanciparse de la casa de sus padres; si viven en pareja o compartiendo piso podrían pagarse algo en alquiler; y, lo de ser propietarios por ellos mismos, se ve muy complicado porque sus ingresos son bajos. Una mayoría solo serán propietarios cuando reciban las propiedades de herencia familiar y para eso pueden pasar décadas considerando la longevidad actual. Es decir, esta lucha que los jóvenes han encendido en las calles es por ellos mismos… y también por nosotros, que cualquiera podríamos llegar a los 90 años y ser echados de nuestra vivienda de alquiler porque las miserables pensiones no darán para tanto.