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Luchan por preservar el maíz palomero toluqueño

Martes 29 de Septiembre del 2026
Redacción Antena 125

Luchan por preservar el maíz palomero toluqueño

Por generaciones, la comunidad otomí-ñätho de San Marcos Tlazalpan, en el municipio de Morelos, estado de México, ha luchado por preservar el maíz tolonki, también conocido como palomero toluqueño, una variedad nativa en peligro de extinción. Además de sostener su economía y alimentación, este grano –que data de la época prehispánica– forma parte central de su identidad. Sin embargo, pese a sus esfuerzos de conservación, hoy pocos productores se mantienen como “guardianes” de este alimento frente a la presión de las importaciones que ocupan más de 90 por ciento del mercado nacional, el avance de las semillas híbridas y el cambio climático.

Al entrar a este poblado del norte mexiquense, en los límites con Querétaro, las parcelas de maíz se entremezclan con talleres familiares dedicados a la elaboración de piñatas, otra de las principales fuentes de empleo local. Durante los carnavales y fiestas patronales –que comienzan en enero y se extienden el resto del año–, las familias se reúnen durante días para hacer palomitas y tejerlas pacientemente, una por una, en collares de varias hileras para adornar altares y coronas. Para reventar el grano, lo introducen en ollas de barro calientes con arena extraída del cerro P'omu (única en su territorio), técnica artesanal que conserva la pureza de su color y sabor.

Alfonso Ernesto, de 54 años, es uno de los guardianes de esta variedad y ha dedicado toda su vida al campo. Desde niño ayudaba a su madre y abuelos en la siembra, cosecha y limpieza del grano. Hoy integra un grupo de agricultores decidido no sólo a preservar el maíz tolonki, sino a fortalecerlo para obtener una semilla más resistente, competir en el mercado nacional y comercializarlo a un precio superior –esperan superar 25 pesos por kilogramo, frente a los 12 pesos actuales–.

Con el acompañamiento de investigadores en maíces nativos e ingenieros agrónomos, el grupo puso en marcha acciones de mejoramiento genético en una parcela comunitaria para recuperar la pureza del grano, proceso que podría tomar entre cinco y ocho años.

Con información del periódico La Jornada