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México: en el top 10 de receptores de la inversión extranjera directa
El regreso de México al selecto grupo de los diez principales receptores de Inversión Extranjera Directa (IED) en el mundo al captar 41 mil millones de dólares según el último informe de la UNCTAD, es una buena noticia que trasciende.
Tras cuatro años fuera de este ranking, ubicarnos en la décima posición es un reflejo de resiliencia y tracción macroeconómica. La importancia de la IED no radica únicamente en la inyección de divisas, sino en su efecto multiplicador: es el motor que moderniza la infraestructura, acelera la transferencia tecnológica, impulsa el desarrollo de proveedores locales y genera empleos formales de alto valor, integrando con mayor fuerza al tejido empresarial nacional en las dinámicas globales.
La trayectoria de los últimos cinco años muestra una evolución contrastante. México pasó de navegar en la incertidumbre de las cadenas de suministro globales y fluctuaciones que lo relegaron a la undécima posición, a experimentar un repunte sostenido. Sin embargo. este avance se ha sustentado principalmente en la reinversión de utilidades de corporativos ya establecidos, enfocados con fuerza en los sectores de manufactura y servicios, y no en la llegada masiva de nuevos capitales frescos de origen.
Para concretar este regreso al top 10, el país logró capitalizar factores determinantes. El epicentro del éxito radica en el fenómeno del nearshoring y la consolidación del T-MEC, que blindan la vecindad geográfica con el mercado más grande del mundo. Asimismo, la implementación de esquemas fiscales atractivos, como la deducción inmediata de inversiones en activos fijos y estímulos para la capacitación e investigación científica en sectores clave, ha permitido retener la confianza empresarial.
A pesar de la euforia que podría representar este repunte, la permanencia en el top 10 mundial no está garantizada y plantea desafíos urgentes que demandan una estrecha coordinación entre el sector privado y las autoridades gubernamentales. El verdadero reto para los próximos años consiste en mitigar los factores de incertidumbre regulatoria e institucional, particularmente ante las próximas revisiones del T-MEC y las presiones arancelarias globales. Prolongar la ambigüedad en las reglas del juego frena la planeación a largo plazo.
Para mantener el atractivo, la agenda prioritaria debe enfocarse en resolver los cuellos de botella estructurales. Esto implica garantizar la suficiencia de energía limpia y asequible, expandir y modernizar la infraestructura logística de conectividad física, agilizar los procesos burocráticos y robustecer los mecanismos de certidumbre jurídica. El avance global de la IED sigue concentrado en sectores altamente estratégicos y en un número reducido de economías avanzadas.
Si México aspira a transformar la reinversión actual en nuevas e históricas naves industriales, resulta imperativo blindar las condiciones operativas y de competitividad territorial, asegurando así un entorno de negocios próspero, seguro y con visión de futuro para las próximas generaciones.