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No solo Europa apuesta por la energía nuclear
Por la Espiral
Claudia Luna Palencia
Poco se habla de los riesgos mientras se ensalzan sus cualidades: la energía nuclear está a punto de vivir un boom provocado por el cambio climático y las prioridades de las políticas verdes de fomentar energías renovables, limpias y eficientes. Y, además por el actual contexto geopolítico con una guerra entre Estados Unidos e Irán que ha provocado un doble shock en el gas y el petróleo.
China está construyendo nuevas plantas nucleares que deberán estar listas antes de 2035 y Estados Unidos, tiene como meta añadir 300 reactores a su capacidad actual antes de 2050. Ambos quieren garantizar su independencia energética en un mundo más inestable y con una política internacional beligerante e incierta.
Aquí, en Europa, todavía resuena el eco de la I Cumbre de Energía Nuclear a la que asistieron representantes de cuarenta países y tras un intenso debate, una mayoría acordó firmar un compromiso para apoyar la energía nuclear como alternativa “real” ante los combustibles fósiles.
Desde la invasión rusa a Ucrania (el 24 de febrero de 2022) y tras las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados europeos, la Unión Europea (UE) ha incrementado un 60% sus importaciones de gas y de petróleo estadounidense y ha apostado más que nunca por las energías renovables a tal punto que éstas ya aportan más de 30% de la producción energética de varios países como, por ejemplo, España.
Sin embargo, no es suficiente. Y, la retórica de los países más industrializados ya no pasa únicamente por tener socios fiables en el terreno energético (no quieren proveedores que los chantajeen por razones geopolíticas o geoeconómicas) sino por lograr su autosuficiencia energética como estrategia de seguridad económica nacional.
A dicho cónclave asistió otro de los convocantes: Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que no perdió la oportunidad para reiterar que la energía nuclear no genera las altas emisiones de carbono como acontece con el petróleo y sus derivados.
Es curioso pero esta guerra de Trump contra Irán en parte tiene el pretexto de la acumulación de uranio enriquecido, bajo el supuesto argumento de que Irán quiere fabricar la bomba nuclear (lo que es verdad); pero también el país quiere tener sus centrales nucleares, como los demás países, por política energética limpia.
Así es que esto de utilizar la energía nuclear y detonar las centrales nucleares tiene su doble cara; y, aquí, se intuye que la Casa Blanca pretende jugar el papel de decidir qué país sí puede tener una política energética basada en centrales nucleares y cuál no… sobre todo por miedo a que termine desarrollando, en determinado momento, armamento nuclear.
A COLACIÓN
Si bien, la energía nuclear no genera las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta, su utilización lleva un riesgo intrínseco y basta recordar a Japón, con el terremoto que provocó un tsunami y afectó a la central nuclear de Fukushima. Pero el gobierno nipón, lejos de dar un paso hacia atrás para cerrar las centrales, lo ha dado hacia adelante para abrir nuevas.
Hace dos años, Japón formó parte de un total de veinte países que acordaron triplicar la capacidad de energía renovable para 2050 y ya han pasado catorce años del accidente en la central nuclear de Fukushima; el 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9.0 que duró seis minutos y provocó un tsunami con olas de 40 metros.
Entonces, once reactores nucleares de cuatro centrales eléctricas se apagaron automáticamente cuando detectaron las vibraciones del terremoto. Las barras de control cayeron en los núcleos, deteniendo la fisión nuclear del uranio.
La planta de Fukushima Daiichi, administrada por la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (TEPCO), había planeado usar generadores diésel de emergencia para bombear continuamente agua de enfriamiento a estos reactores. Pero en una hora, los generadores inundados fallaron.
Cuando las bombas se detuvieron, el agua en los núcleos comenzó a bajar y los reactores empezaron a hervir; el vapor acumuló una enorme presión generando gas hidrógeno. TEPCO declaró una emergencia y temiendo lo que se avecinaba, el gobierno evacuó a miles de personas en un radio cada vez más amplio alrededor de la planta de energía.
Una explosión de hidrógeno destrozó uno de los reactores y el almacenamiento de combustible gastado se quemó, liberando más radiación. Finalmente, tres reactores resultaron gravemente dañados.
El gobierno nipón solo reconoce una muerte certificada por radiación; sin embargo, más de 164 mil personas fueron evacuadas y forzadas a dejar sus casas, sus tierras y todas sus posesiones. Hasta la fecha, 43 mil personas siguen refugiadas.
Después de este desastre dejó de hablarse de la energía nuclear hasta que la invasión de las tropas rusas a Ucrania volvió a ponerla en el centro del debate… y, hasta que Trump, decidió atacar a Irán alentado por Israel.