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País de viejos
Por más que le den vueltas, retrasen o pretendan disfrazar, tarde o temprano el gobierno en turno tendrá que hacer una amplia reforma fiscal, porque los ingresos ya no alcanzan para cumplir con todas las obligaciones gubernamentales.
Pero, además, el país se está haciendo viejo, para el año 2050 va a haber más personas de 60 años que jóvenes. Así que, cada vez, son menos los jóvenes que trabajan y cumplen con la carga contributiva.
Hablar de este tema, genera salpullido al gobierno, sean de Morena, PAN o PRI, porque hacer una reforma fiscal estructural conllevará a la creación de nuevos impuestos y/o el incremento de los actuales, lo cual es poco popular y genera molestia entre la población, porque los contribuyentes cautivos tendrán que pagar más, mientras la evasión fiscal es enorme.
La organización México ¿Cómo Vamos? advierte de la presión creciente que representan las pensiones, las transferencias económicas como las becas, los programas sociales y otros gastos obligatorios para las finanzas del país, lo que obliga a una reforma en la política de recaudación fiscal.
Lo que más preocupa son las pensiones, porque su peso dentro del gasto público seguirá creciendo, conforme avance el envejecimiento de la población mexicana: “las pensiones alcanzan al 6 por ciento del PIB, sin embargo, la que más preocupa es la pensión de adultos mayores (del Bienestar), que acapara 640 mil 291 mil millones, porque no contiene una fuente de financiamiento específica”, lo que compromete una parte del presupuesto federal, antes de que el gobierno pueda decidir cómo utilizar los recursos restantes.
Actualmente, de cada peso recaudado, 40 centavos se van al pago de pensiones y equivalen a 2.1 veces el presupuesto de salud; el 1.7 el de educación y 2.2 el de inversión.
Pero, el real problema que tiene México es el bajo crecimiento económico, lo que se refleja en el déficit fiscal que se empieza a vivir, toda vez que los ingresos tributarios dependen del desempeño de la economía, del empleo formal, de los salarios y del consumo, por lo que una actividad económica débil termina limitando la recaudación por ISR y el IVA.
Tan sólo la recaudación del Impuesto Sobre la Renta ya muestra señales de debilidad, relacionadas con el bajo crecimiento; sin una recuperación sostenida de la inversión, será difícil elevar la capacidad recaudatoria.
Uno de los principales motores para elevar la productividad, generar empleos formales y fortalecer las fuentes tributarias del Estado es la inversión, la privada, sobre todo la pública.
Pero no ha sido suficiente, con lo que México pierde las capacidades para ser más productivo y competitivo en los siguientes años.
Y para acabarla de amolar, está Pemex, que tan sólo para 2027 requiere aportaciones de cerca de 81 mil millones de pesos, pero que en el actual se llevó 263 mil millones. Decían que iban a desaparecer esas asistencias a partir de este año, pero no fue así.
Nos enfrentamos a un círculo perverso perfecto con la combinación de una población que envejece, mayores transferencias sociales, necesidades de inversión, compromisos financieros y una base recaudatoria limitada.
México requiere que la inversión mixta y los mecanismos que incentivan la inversión, funcionen, no sólo una reforma fiscal. Sólo así se tendrá un crecimiento económico mayor y este dinamismo generará mayor recaudación tributaria.
Se observa difícil que este gobierno decida hacer esa reforma, sobre todo porque la promesa principal que ofreció el único y verdadero líder de este movimiento-partido que gobierna desde 2018, AMLO, fue no cobrar más impuestos.
Supuestamente, decía el gran ignorante, la recuperación de lo que antes se robaron y evitar ese tipo de prácticas nefastas entre los que ocupan el gobierno, sería suficiente para que México no necesite cobrar ni un peso más de impuestos; se tendrían entre 500 y 600 mil millones de pesos anuales al acabar con “la robadera”.
Veremos si se atreven con Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República a hacer esa reforma fiscal. Parece muy, muy lejano.