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Reino Unido es el paisito que avizoró Vargas Llosa

Miercoles 24 de Junio del 2026
Claudia Luna Palencia

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

Cero y van seis primeros ministros en diez años en Reino Unido. Y, no parce que el séptimo, vaya a resolver el laberinto de la soledad y la caída en desgracia que viven tanto la economía como la sociedad británica. Esta vez, el que se va es Keir Starmer… no ha durado ni dos años en el cargo de primer ministro.

          Prácticamente entre sollozos, anunció su dimisión este 22 de junio, aunque ya llevábamos semanas aquí en Europa con rumores de que Starmer caería en cualquier momento. Y, lo hizo después de la reunión del G7 en Francia.

          Trump por cierto ya intuía algo porque apenas y le dirigió unas cuantas miradas: no se caían nada bien, es más hacían cortocircuito. Starmer poco hizo para entrar al trapo de las exigencias del mandatario norteamericano.

          En la mañana de este pasado lunes, Starmer decidió comunicarle al rey Carlos III su decisión. Pocas cosas salen bien en Reino Unido desde la muerte de Isabel II; hasta la monarquía está sumergida en un laberinto de descrédito al que ha contribuido el escándalo del pedófilo Jeffrey Epstein.

          Starmer se va:  el político de 63 años asumió el poder, el 5 julio de 2024, y lo hizo con un consistente apoyo devolviendo al poder al Partido Laborista tras años de convulsión política, entre una y otra dimisión de primeros ministros del Partido Conservador.

          Un partido que, por cierto, fue responsable de esa locura llamada Brexit, a la que primero impulsó mediante un referéndum y luego consumó en un agrio divorcio con la Unión Europea. Ayer, 23 de junio se cumplieron diez años del Brexit.

          Y, ese espectro, sigue arrastrando a los británicos a la debacle; los persigue como si fuese un demonio maldito e implacable dispuesto a recordarles cada día, minuto a minuto, el costo de su orgullo y obcecación.

A COLACIÓN

          Starmer es el sexto primer ministro que tiene Reino Unido en diez años. El costo de la salida de la economía británica de la UE ha sido elevado y ha sumido al país en una vorágine de inestabilidad política. “El mayor orgullo de mi vida ha sido convertirme en primer ministro, pero entiendo que ya no cuento con la gracia y el respaldo de mi partido”.

          De posible sucesor suena, su compañero de partido Andy Burnham, quien recién ganó una elección en Makerfield (la semana pasada) y recién juró como diputado en Westminster.

          Starmer permanecerá en el cargo hasta que el Partido Laborista elija a un nuevo líder, lo cual ocurrirá antes de que el Parlamento regrese a las sesiones en septiembre próximo.

          Las reacciones políticas a la dimisión de Starmer no han dejado de suceder: la ministra de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, declaró que Starmer ha restaurado decisivamente la credibilidad internacional de Reino Unido. Y, el secretario de Negocios, Peter Kyle, refirió que Starmer se ganó su respeto cuando logró que su partido ganase las elecciones.

          El frente político inmediato de Reino Unido no será fácil. Tanto los partidos independistas de Escocia como la ultraderecha británica están pidiendo elecciones generales.

          Nigel Farage ya se frota las manos y demanda elecciones sabe que esto es agua de mayo para la ultraderecha. Hay demasiados intereses en el interior de Reino Unido que quieren evitar una cohesión social y que el británico piense con claridad.

          La Casa Blanca promete más comercio si al final se queda al frente de Downing Street un político que sintonice con las locuras ultranacionalistas de Trump. La realidad es que Reino Unido no es Estados Unidos y, sin la UE es lo que es: ese paisito que, hace años desdibujó tan certeramente, Mario Vargas Llosa, en un brillante artículo en El País.