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Robar la transformación
Parece chiste, pero no lo es
Lo peor de todo es que quien maneja la “idea”, si es que acaso lo es, de que alguien se quiere “robar la transformación” es la misma Claudia Sheinbaum, quien utiliza el micrófono que le da su investidura para, supuestamente, alertar a los mexicanos de la gran amenaza que se cierne sobre todos.
Ahora resulta que pretender que todos aquellos que usaron su cargo público y su cercanía con el poder, para proteger a la delincuencia organizada, reciban un castigo, es traición a la patria.
Vaya encrucijada en la que se encuentran en Morena y, de paso, en los gobiernos emanados de ese partido.
Porque se tienen que defender entre ellos, a pesar de las sospechas, pero en cualquier momento, cada quien actúa como puede y quiere, en una especie de “sálvese quien pueda”.
Por un lado, resguardan a Rubén Rocha Moya y exigen pruebas para aceptar su extradición a Estados Unidos, sin embargo, no hacen lo mismo con los demás integrantes de la lista negra y, para saber cómo estarán las cosas que el general Gerardo Mérida Sánchez, ex secretario de Seguridad Pública y Enrique Díaz Vega, ex secretario de Administración y Finanzas del Gobierno del Estado de Sinaloa, optaron por colaborar con las autoridades norteamericanas.
Ahora, para obtener el beneficio de ser considerados como “testigo protegido”, tendrán que contar todo lo que saben y que sirva, para la captura de las figuras políticas de más alto nivel que protegen en México a los narcotraficantes.
Sin embargo, los norteamericanos no están cruzados de brazos, en espera de que ambos personajes digan algo interesante, ellos con el bajo perfil que siempre han manejado en todo el mundo, se mueven en México y se aseguran de hacer bien su trabajo, que no es otra cosa que abatir a los delincuentes.
Así lo vimos hace unas semanas, cuando a través de cámaras de video instaladas en vehículos que iban en tránsito, se observó cómo estalló una camioneta en la carretera México-Pachuca, luego de salir del AIFA.
Desde EUA, el diario The New York Times afirmó que, en marzo pasado, la CIA apoyó la operación en la que murieron dos miembros del Cártel de Sinaloa: Francisco Efraín Beltrán de la Peña, alias «El Payín» y Humberto Rangel Muñoz, toda vez que proporcionó información sobre la ubicación de Beltrán y también participó en la planificación del asesinato.
Mientras Claudia Sheinbaum se apresuró a negar que la CIA haya estado involucrada en esta operación y el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, dijo que las acciones operativas en el país corresponden exclusivamente a autoridades mexicanas, desde Estados Unidos sólo se dijo que esta Central de Inteligencia colaboró con información y la planificación.
Pero, aquí brota el sospechosismo.
¿Apoco los cuerpos policiacos mexicanos fueron los que hicieron explotar esa camioneta? Suena raro, toda vez que no hubo fuego cruzado ni nada que se le parezca. Que se sepa, los mexicanos sólo responden, cuando son atacados. Aquí no se aplica el “mátalos en caliente” ¿o sí?
Recién se conoció de esa explosión, la primera hipótesis fue que tal vez transportaban, sin la mínima seguridad, un aparato explosivo que se les salió de las manos y les costó la vida.
Aunque, de lo poco que se conoce del modo de operar de la CIA, no resulta descabellado que ellos hayan hecho explotar la camioneta.
El caso es que, según, los malos se quieren “robar la transformación” o lo que eso signifique. Mientras, el berenjenal al que se metió la 4T no tiene salida y, cada vez, parece estar más denso, mientras Sheiunbaum se resiste a zafarse de ellos, cuando ella podría dar un paso al flanco izquierdo y seguir la marcha.