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Violencia sin reflectores, impunidad garantizada
En el Estado de México, la violencia contra las mujeres parece necesitar espectáculo para existir en la agenda pública. Si un caso no se vuelve viral o “mundialista”, simplemente no pasa nada. No hay urgencia, no hay justicia. Como si la gravedad de un feminicidio dependiera del número de vistas.
Pero igual de alarmante es lo que se dice desde el poder. Las recientes declaraciones del líder del Partido Verde en la entidad, al afirmar que “muchos hemos pasado por eso” al referirse a un caso de presunta violencia, no solo son desafortunadas, son peligrosas. Normalizan lo inaceptable.
No, la violencia no es una experiencia común que deba entenderse o minimizarse. Es un delito. Y cuando quienes gobiernan la trivializan, mandan el peor mensaje posible, que no es tan grave, que es parte de la vida.
El problema no es solo la violencia. Es la indiferencia institucional y la complicidad discursiva.
Mientras la justicia dependa de la viralidad y la violencia se excuse desde el poder, las mujeres seguirán desprotegidas. Y eso, más que indignante, es inadmisible.